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Revista 100% mexicana

INTRODUCCIÓN

El Charolais es una raza que se originó en Charolle y Nevers, en la región de Borgoña, Francia. Aunque no se puede determinar ni probar con exactitud su origen, el Charolais es una de las razas francesas más antiguas y se considera que tiene origen jurásico.

Es fundamentalmente una raza cárnica. Su extraordinario potencial de crecimiento y su eficiencia alimentaria son valores fijos en el Charolais que se reflejan en la obtención de canales pesadas. Una gran variedad fenotípica hace a este ganado apto para responder a todos los tipos de producción. El Charolais puede expresar sus rendimientos en condiciones de alimentación poco favorables, especialmente en lo que se refiere a la calidad de los pastos. Tiene un gran apetito que satisface con forrajes a veces muy toscos y poco apetecibles. Además, la transformación del forraje en carne la realiza con excepcional eficiencia. Esta aptitud, unida a una gran rusticidad y docilidad natural, hace que el Charolais se adapte muy bien a todos los sistemas de manejo tanto extensivos como intensivos. Las hembras son objeto de continuos esfuerzos para mejorar sus cualidades maternales. La vaca Charolais produce normalmente un becerro por año gracias a su buena fertilidad (tasa de gestación de 92%), prolificidad (tasa de nacimientos gemelares de 4%) y buen intervalo entre partos, y es además muy longeva. A estas cualidades hay que añadir que es, entre las razas cárnicas europeas especializadas, una de las de mayor capacidad lechera que le permite, sin ración complementaria, garantizar a los terneros en sus primeros 120 días un aumento mínimo de 1.1 kg por día.

Respecto a la historia de esta raza, se sabe que ya en 1773 Claude Mathie movió un hato de ganado blanco de la región de Charolle a las márgenes del río Nievre, donde la raza mejoró y empezó a ser conocida como el ganado Nievrés. Más tarde, hacia 1840, un criador llamado Charles Bouville tenía ya uno de los hatos más importantes y fue quien inició el primer libro de hato en 1864; posteriormente lo abrieron en 1882 los criadores de la región de Charolle, y en 1919 los productores de esas dos regiones de Borgoña se unieron para establecer el primer registro de hato. Desde 1864 los ganaderos- seleccionadores comparaban sus animales en ocasión de concursos y ferias que tenían lugar en toda Francia.

Llave maestra de la mejor genética, el Herd Book Charolais estableció un programa de selección sumamente interesante, apoyado en una gran base de selección de cerca de 200 mil vacas. Cada año, las asociaciones de control de crecimiento, en colaboración estrecha con el Herd Book, recogen entre las ganaderías los datos cifrados (puntuación y pesajes) que permitirán examinar el valor genético de cada animal y calificar a los mejores. Paralelamente, los centros de cría en Francia identifican cada año más de 500 reproductores jóvenes, que destinados a la monta natural difunden entre las ganaderías comerciales una genética de alta calidad. A partir de los controles en finca se lleva a cabo una avanzada evaluación del potencial genético de los reproductores mediante la estimación de los rendimientos del animal, de sus parientes y de sus crías hasta el destete. Los toros Charolais destinados a la inseminación artificial se califican a partir de sus descendientes por sus cualidades maternales y sus aptitudes cárnicas.

Actualmente la raza Charolais es trabajada en más de 70 países, y cruzada con el Cebú para las regiones tropicales y subtropicales ha dado lugar al ganado Charbray. Además de las líneas puras francesas, generalmente conocidas como Full French, en Canadá y los Estados Unidos, con aportaciones de otras razas, se han obtenido líneas Charolais también de pureza (pure breed) con objeto de dar a la raza mayor eficiencia productiva en otras condiciones de manejo.

El Charolais en México

Durante la I Guerra Mundial, mientras servía en el ejército de Francia, un joven mexicano de origen francés llamado Jean Pugibet conoció en las campiñas de aquel país el ganado Charolais, y quedó tan gratamente impresionado que pocos años después, ya de regreso en México y siendo un importante industrial, realizó gestiones para importar 10 vaquillas y dos toretes que llegaron al puerto de Veracruz en 1930. Dado el éxito de esta primera importación y el buen comportamiento de los ejemplares, en la primavera de 1931 Pugibet gestionó una segunda importación de seis sementales y 12 hembras que venían cubiertas por éstos. En 1937, dado que continuaba el buen trabajo y desarrollo de la raza, gestionó a sugerencia del MVZ José Figueroa y del coronel Daniel Breen una tercera importación de vaquillas gestantes que llegaron a parir aquí cuatro hembras y tres machos. Así, el hato de Pugibet seguía creciendo y difundiéndose. Por esos años Pugibet regaló al secretario de Agricultura, Gral. Manuel Pérez Treviño, un lote de vaquillas y un toro Charolais para que los tuviera en el rancho que el funcionario poseía cerca de Piedras Negras, como reconocimiento por las facilidades que había brindado a las importaciones desde Francia. Más tarde Pérez Treviño cambió este ganado por caballos finos a su compadre don Gudelio Garza Gómez, quien criaba ganado bovino y equino cerca de Ciudad Acuña, y a partir de entonces también Charolais de las líneas traídas de Francia.

En 1940, al morir don Jean Pugibet, su ganado pasó a manos de unos señores Gilli, también de origen francés, quienes no eran ganaderos y no sabían qué hacer con los animales. Entonces surgió alguien de Texas a quien había llamado mucho la atención este hermoso ganado blanco, parte de cuyos descendientes, hacia principios de los cincuentas, ya se encontraban en una granja de Luisiana, Estados Unidos. Eran alrededor de 90 cabezas entre animales chicos y grandes que llamaban mucho la atención y eran presentados como “shorthorn blanco” o “british white”, no por ignorancia de su propietario, sino porque habían pasado “de contrabando” sin haber sido sometidos al control sanitario. Al ser descubierto, el gobierno estadounidense confiscó el ganado y lo tuvo retenido hasta el 7 de febrero de 1955, fecha en que fue regresado a México por la frontera de Tagle Pass-Piedras Negras. La mitad de esos animales fueron adquiridos por el señor Maximiliano Michaellis, del rancho El Fortín, de Coahuila, y la otra mitad los retuvo el gobierno mexicano, que los envió a la posta genética de la Secretaría de Agricultura y Ganadería en Ajuchitlán, Querétaro. De este hato, diversos personajes de la política se hicieron de animales, con lo cual la raza comenzó a diseminarse por la República. Mientras tanto, el señor Michaellis llevó a cabo una importantísima labor con la parte del hato que había recibido –al parecer la más selecta, pues tuvo oportunidad de escoger los animales–, de manera que llegó a tener el mejor Charolais de México. Parte de los ejemplares de Ajuchitlán fueron a dar al rancho El Canelo, de los coroneles David Breen y Carlos I. Serrano, para después dispersarse por el país.

La organización de criadores

La Dirección General de Ganadería, que llevaba por aquellos años un registro del ganado lechero, abrió un apartado adicional para tener un control elemental del Charolais, aunque los criadores como tales no contaban con una organización. Sin embargo, a principios de los sesentas algunos de ellos, como los señores Michaellis y Manuel Garza Elizondo, empezaron a reunirse en la ciudad de México con la idea de dar forma a una organización. La Secretaría contaba con algunos papeles antiguos con los nombres de las primeras vacas y toros, sin una secuencia muy exacta, pero la información se fue completando con los datos de los mismos ganaderos; Machaellis, por ejemplo, había sido propietario de gran parte de los animales allí registrados. Con estos datos se consiguió la autorización de la Secretaría y así, con apenas poco más de una docena de criadores, se inició el libro de registro. El primer presidente de la Asociación, en 1961 y 1962, fue el Gral. Alejo González. La sede era Eagle Pass, Texas, y Piedras Negras, Coah., porque se trataba de una asociación internacional. Francia, por su parte, la autorizó a llevar libros de registro de ganado Charolais desde Canadá hasta Centroamérica. Hasta ese momento muy pocos ganaderos se habían interesado en la raza, pero con estos hechos aumentó decisivamente el atractivo de criarla.

Por la misma época se había formado en Houston, Texas, la International Charolais Association (ICA), que sigue funcionando todavía. Esta agrupación registraba ganado desde media sangre y tres cuartos, y cuando llegaba al 31/32 lo declaraba puro, a diferencia de la mexicana, pues aquí se tenía sangre original del ganado importado directamente de Francia; por eso criadores de Luisiana y de Texas tenían interés en la Asociación de México, que manejaba ganado Full French. En 1963 fue electo presidente don Manuel Garza Elizondo, quien promovió fuertemente la cría, y –reelecto en 1964– participó en Vichy, Francia, en el primer centenario de la fundación de la asociación francesa de criadores.

En ocasión de estas celebraciones de septiembre de 1964 se integró en París la Federación Mundial de Criadores con la veintena de países ahí representados. La Asamblea de delegados nombró como presidente a Emile Maurice, quien dirigía la asociación francesa, y como vicepresidente a don Manuel Garza. Esta organización celebra cada dos años el Congreso Mundial Charolais, del que México ha sido sede en 1966, 1978, 1990 y 2002, siendo el único país que ha organizado este evento en cuatro ocasiones fuera de Francia. Este año el Congreso se reunirá en Edmonton, Canadá.

Con la incorporación de numerosos ganaderos de la zona de Monterrey a la cría del Charolais, y considerando las facilidades que brinda esta gran ciudad a cualquier organización, en los setentas la sede de la asociación mexicana pasó de Piedras Negras a la Ciudad de Monterrey. Criadores y dirigentes de vanguardia como don Juan Romero Huxley insuflaron nuevo vigor a la asociación, que cambió su nombre al de Asociación Charolais Herd Book de México, cuyo actual presidente es el Ing. Francisco Elizondo.

Una raza en crecimiento

La Asociación Charolais Herd Book de México cuenta actualmente con 404 socios activos distribuidos en 21 estados de la Republica, y su labor es cada día más importante debido a la alta demanda de la raza; esto ha conllevado un aumento del interés en la cría de registro, por lo cual el crecimiento de la membresía es de aproximadamente 10% anual.

Los miembros que integran la Asociación han registrado en los últimos años un promedio de 12,500 animales anualmente; con la cantidad de información enviada por ellos y acumulada a través de los años ha comenzado a realizar las evaluaciones genéticas. A la fecha ha publicado cinco compendios de estas evaluaciones y efectuado su primera evaluación conjunta internacional mediante la firma de un convenio con los Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda.

Los avances logrados en cuanto a diferencias esperadas de la progenie (DEP) del ganado Charolais mexicano se muestran a continuación:

La Asociación ha creado la página web www.charolais.org.mx, en la cual los socios pueden consultar sus saldos, verificar sus inventarios y los “cruzamientos virtuales”. Estos últimos funcionan a través de los valores genéticos de los toros y vacas de cada ganadería, que al combinarse arrojan un valor estimado a través de pedigrí y aportan una idea muy cercana de lo que se obtendría con dichas cruzas; esto ayuda a mejorar cierta característica del ganado que se produce, identificar los mejores ejemplares de cada rancho o los mejores ejemplares de la raza para una característica específica. La página web brinda además la facilidad de ver genealogías y datos productivos de un animal en especial. Este instrumento es para los agremiados un escaparate gratuito de ventas hacia el mundo; a la fecha ha recibido más de 2.5 millones de visitas desde numerosos países, y gracias a ella los socios han cerrado tratos internacionales. En poco tiempo se contará con una versión en inglés de esta página. En cuanto a los registros, pronto podrán ser solicitados vía internet.

La Asociación Charolais Herd Book de México tiene entre sus proyectos a corto plazo la certificación de nacimientos así como la medición del ojo de la costilla, con el fin de contar con más información para la determinación de otros valores genéticos.

Aun con ciertos altibajos, el número de registros de ejemplares Charolais y su derivado el Charbray ha venido en ascenso, como se muestra en el cuadro.

El creciente interés por el ganado Charolais responde a las numerosas cualidades de la raza. Está desde luego su conocida habilidad para el crecimiento rápido y su rentabilidad aun en terrenos difíciles, secos, áridos, semiáridos y con pastos pobres.

La fertilidad en las hembras es elevada y compite ventajosamente con la de cualquier otra raza de carne. Este ganado reúne lo mejor de dos razas cuando se emplea en programas de cruzamiento. Las características sobresalientes del Charolais es ser un animal potente y de gran tamaño, de buena adaptación a condiciones adversas, dócil y de fácil manejo, lo cual disminuye al mínimo las mermas que se observan en otros animales que son presa fácil del estrés.

La Charolais es una raza que genera sorprendentes aumentos de peso al destete, es rústica y sus becerros engordan rápidamente. En las pruebas de comportamiento se ha comprobado que tiene los mejores aumentos promedio frente a otras razas, por todo lo cual es muy solicitada para cruzamientos. Ejemplo de esto es la raza Charbray, que resultó del cruzamiento como un animal híbrido 5/8 Charolais y 3/8 Cebú. Ideal para su explotación en condiciones tropicales y subtropicales, el objetivo de esta raza híbrida es la producción de becerros más grandes que rindan canales más deseables. Tanto las hembras como los machos son magníficos productores de becerros. Las vacas han ganado fama por su facilidad al parto, capacidad lechera y rusticidad, mientras que los toros son fértiles, se acostumbran con facilidad a la vida en pastoreo y agregan alzada y largo al ganado comercial. En la Asociación el número de registros de animales Charbray puros ha venido creciendo significativamente.

(Agradecemos a Sopexa de Francia, a la Asociación Charolais Herd Book de México y a don Manuel Garza Elizondo sus valiosos datos para elaborar esta introducción.)

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