Revista Ganadero

Editorial

Septiembre - Octubre 2011

A nuestros Lectores

Nada puede hacerse para evitar el cambio climático. Ya está aquí. Aún hay discrepancias sobre sus causas exactas, pero el hecho es que el clima ha cambiado y todo indica que lo seguirá haciendo. En México tenemos a la mano tres pruebas contundentes recabadas este 2011 que termina: la continuación por quinto año consecutivo de las inundaciones en el sureste; las heladas de septiembre en el centro-norte y las de febrero en el noroeste, de las que ni los más ancianos recuerdan antecedente, y la prolongación de una sequía que ya se considera la peor en cuando menos medio siglo, si no es que en 70 años, como afirman algunos. En Durango, aun antes de comenzar el invierno, ya se registraban temperaturas de 22 grados bajo cero, al tiempo que muchas comunidades en ese y otros estados ya habían agotado sus reservas de agua para el propio consumo humano.


La sequía que se abate sobre el centro y el norte del país había ocasionado, hasta mediados de diciembre, la pérdida total de casi un millón de hectáreas de siembras y la del equivalente a 1.7 millones de cabezas de ganado por el envío prematuro de animales al rastro --incluyendo el de numerosos vientres--, disminución de peso o debido a muertes por inanición. El Servicio Meteorológico Nacional no prevé lluvias sino hasta marzo, pero sí heladas en vastas regiones, lo que sin duda se traducirá en mayor pérdida de forraje y cultivos diversos. Como la misma institución ha dicho que la escasez de lluvias se prolongará por otros tres años, es de esperarse que una gran porción de la agricultura y la ganadería se sigan yendo a pique.


La falta de lluvias ha traído como primera consecuencia una elevación en el costo de los granos. El presidente de la CNOG señaló que de enero a mediados de noviembre los costos de producción ganadera habían aumentado 25%, que hasta ahora no se han trasladado al consumidor, pero a mediados de 2012 podría verse un aumento en el precio de la carne. Los estados más afectados por la disminución en el número de hembras bovinas, informó, son Chihuahua, Sonora, Durango y Zacatecas.


Un movimiento de productores en que participan el recientemente fundado Frente Único de Ganaderos Organizados de México (Fugom), la CNC y otras organizaciones logró que el Congreso decretara una partida emergente de 10 mil millones de pesos para apoyo a los productores afectados por el desgarriate climático en que hemos caído. Sin embargo, aunque se logre que el Ejecutivo distribuya esos recursos (a lo cual parece renuente, pues ha dicho que lo hará con mucho gusto, pero que antes el Congreso le diga de dónde los va a sacar), ésta no podría ser más que una solución temporal. Si las adversidades del clima continúan --y nada parece señalar lo contrario--, no habrá dinero suficiente para hacerles frente.


La solución de fondo debe pasar forzosamente por un cambio en la manera de producir. Se calcula que actualmente, en el plano mundial, las actividades agropecuarias absorben 70% del consumo de agua, porcentaje que podría reducirse drásticamente con el uso de nuevas tecnologías de riego y nuevas variedades de plantas que demandan menos líquido; en cuanto a la ganadería, se espera entre otras cosas que adopte sistemas de manejo de los desechos de los animales y haga cambios en la dieta para que éstos arrojen menos gases de efecto invernadero a la atmósfera.


Como una solución de largo plazo, el Foro Económico Mundial ha propuesto que la agroindustria fomente una actividad agrícola y ganadera ambientalmente sostenible que vincule a todos los eslabones de la cadena. Sin embargo, la tarea deben comenzarla los productores, en lo individual cada uno en su explotación y de manera conjunta a través de sus organizaciones.


Deseamos, sinceramente, que este 2012 sea el inicio de un mundo mejor para todos.