Enero febrero 2007
A Nuestros Lectores
El aumento en el precio internacional del maíz y otros granos, que se viene dando desde hace un año pero al cual muy pocos prestaron atención hasta que impactó duramente en el precio de la tortilla, pone de nuevo en la discusión la necesidad de que México aproveche su gran potencial de pastos forrajeros en la alimentación del ganado.
En una reveladora ponencia presentada en noviembre pasado a la Reunión Nacional de Investigación Pecuaria por el Dr. José Zorrilla R., titulada “Problemática en la importación de carne de bovino: la etapa de finalización intensiva”, y que por su interés reproducimos en este número de Ganadero, el autor señala que el incremento en el precio de los granos hace más urgente la investigación acerca de otros insumos para la engorda. Además, afirma que “es necesario romper con paradigmas generados y heredados de intereses ajenos a nuestros sistemas de producción, como por ejemplo es el concepto de superioridad en la calidad del producto que se le da a la característica de la ‘grasa blanca’ [la cual] no encierra en sí y por sí sola ningún atributo real y sustentable de mayor calidad del producto final”. Por el contrario, señala el investigador, los estudios recientes demuestran “resultados de mayor atributo nutricional por parte de carne de res generada en sistemas alimenticios altos en forraje”, lo cual, aunado a las tendencias actuales del mercado hacia productos alimenticios generados bajo sistemas más naturales, libres de promotores de crecimiento como las hormonas y los anabólicos, es “un fuerte incentivo para el desarrollo de esquemas de integración de unidades productivas primarias (ganaderías comerciales) y canales de comercialización hacia nichos de mercados especializados, en comparación con los esquemas de producción altamente contrastantes a base de fuertes importaciones de insumos productivos, en particular los granos”.
Por otra parte, señala el Dr. Zorrilla, la coexistencia armónica entre los recursos naturales requeridos para la producción y la actividad pecuaria es en sí “otra exigencia que debe ser incorporada en las políticas estatales”.
Nosotros podemos agregar que el sostenido incremento en el precio del maíz --que al parecer es irreversible dada la decisión de algunos países, señaladamente los Estados Unidos, de continuar incrementando su uso para la producción de etanol-- y de otros granos como el sorgo que son básicos en la alimentación del ganado en corral, hace prever un aumento correspondiente en el precio de los productos ganaderos. Esto debe verse como una oportunidad para México a la luz de lo dicho acerca de sustituir el uso de los granos por forrajes, que gran parte de nuestro país produce todo el año. Seguir exportando becerros para importar carne tiene cada vez menos sentido en este contexto.
En otras épocas se argumentaba que el ganado tardaba demasiado en engordar en los potreros y que eso volvía poco rentable esta producción; sin embargo, los actuales sistemas semiintensivos, pero sobre todo la calidad genética que está alcanzando el ganado mexicano de campo, ya hacen viables y redituables aquellas inversiones que decidan renunciar a los granos para finalizar novillos. México tiene, pues, las facilidades y la coyuntura para empezar a producir carne de bovino a un costo más competitivo frente a otras opciones y, por lo tanto, incrementar su consumo entre la población.
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