Marzo Abril 2007
A Nuestros Lectores
Un serio problema que ha venido creciendo sin poder ser atacado adecuadamente por falta de instrumentos legales idóneos es el uso de clembuterol en la engorda de ganado. Tanto autoridades como organizaciones de productores están de acuerdo en que urge erradicar esta nociva práctica que acostumbran engordadores sin escrúpulos, a sabiendas del daño que pueden causar a los consumidores de la carne de los animales cebados con el uso de dicha sustancia, que en casos graves puede conducir a la muerte.
Es difícil saber cuántas personas en México han visto lesionada su salud por este consumo, pero según datos de la Secretaría de Salud, entre 2003 y 2006 se reportaron 1,346 casos en 10 entidades: Jalisco (608), Distrito Federal (205), Guanajuato (124), Aguascalientes (97), Tlaxcala (84), Michoacán (71), Zacatecas (55), Hidalgo (42), Querétaro (38) y Veracruz (22). El uso de las dañinas sales, al parecer, continúa extendiéndose, pues solamente durante 20 días del mes de febrero de este 2007 se reportaron en el estado de Aguascalientes 147 casos de personas intoxicadas.
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Ante la necesidad de imponer un fuerte castigo a quienes comercien y utilicen productos nocivos en la engorda de animales para consumo humano, el presidente de la Comisión Especial de Ganadería de la Cámara de Diputados, Francisco Domínguez Servién, presentó una iniciativa de modificación a las leyes federales de Salud y Salud Animal que busca erradicar la venta, transporte y uso de clembuterol y anabólicos para engorda de ganado al tipificar esta actividades como un delito grave, es decir, sin derecho a la libertad bajo fianza, y con penas que alcanzarían hasta ocho años de prisión. Ante la urgencia de erradicar el problema, el secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas Jiménez, solicitó al Congreso de la Unión apresurar el estudio y aprobación de la iniciativa, pues “nadie tiene derecho a poner en riesgo la salud de la población”.
Poner a disposición de las autoridades las armas jurídicas necesarias para combatir este mal es un propósito que todos deben apoyar, comenzando por las mismas organizaciones ganaderas, ya que esos pocos engordadores que anteponen su sed de lucro a cualquier otra consideración sin importarles las consecuencias, están poniendo en riesgo no sólo la imagen de la ganadería mexicana en conjunto, sino la economía de todo el sector. En efecto, por experiencias propias y ajenas sabemos que el consumidor es especialmente sensible a los peligros reales o imaginarios que pudieran conllevar los alimentos, y una continuación de los casos de intoxicación por clembuterol podría derivar en una drástica baja en el consumo de la carne producida en México.
Por otra parte, como también lo hizo notar el secretario Cárdenas Jiménez al solicitar a los legisladores dar celeridad a este asunto, “si queremos tener un campo ganador cuyos productos compitan en todos los mercados del mundo, tenemos que incorporarnos a un régimen sanitario más estricto”. México apenas comienza a figurar, aunque sea débilmente, entre los países exportadores de carne, pero si para la industria de la carne no existe un sistema jurídico que garantice la inocuidad de los productos, dotado de instrumentos adecuados y que se haga respetar, difícilmente podremos aspirar a desempeñar un papel importante en el mercado mundial.
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