Marzo Abril 2008
A Nuestros Lectores
“Un fantasma recorre Europa”, comienza diciendo un famoso libro escrito hace 160 años refiriéndose al comunismo. Éste finalmente fracasó, pero ahora otro fantasma, el del hambre, se cierne sobre la mayor parte de la humanidad. La alerta la han lanzado organismos de las Naciones Unidas como la FAO y la Unesco, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros que apremian a los gobiernos a tomar medidas urgentes y concretas para replantear la producción, distribución y uso de los alimentos, pues de otra forma habrá terribles hambrunas y explosiones sociales en muchas partes del mundo. De hecho ya las hay, en Haití por ejemplo. Una nefasta combinación de factores se ha dado para llegar a esta situación, entre ellos la creciente demanda de mejores alimentos por parte de los grandes países de acelerado desarrollo como China, en donde cada vez menos personas se conforman con un platón de arroz; el incremento en la superficie de tierra agrícola dedicada a surtir la industria de los biocombustibles, alentada a su vez por el creciente precio del petróleo; la consecuente disminución de las reservas mundiales de granos, especialmente crítica en el caso del trigo, y causas ambientales como el cambio climático y la cada vez menor disponibilidad de agua para riego.
México sería una de las naciones más golpeadas de continuar la escalada de precios, ya que cuenta con muchos millones de personas en el filo de la subsistencia. El Banco de México informa que entre marzo de 2007 y marzo de 2008 los alimentos aumentaron sensiblemente más que la inflación general, en algunos casos hasta en un tercio de su precio anterior, como los aceites y grasas comestibles. La leche, sus derivados y el huevo se incrementaron en 14%, mientras el pan, la tortilla y los cereales lo hicieron en 6.64%. Las carnes subieron apenas 3.95%, y los pescados y mariscos 4.39%. Sin embargo, el gobernador del Banco, Guillermo Ortiz, advirtió que a partir de mayo “se acentuarán las presiones inflacionarias” por el alza en los precios internacionales de los alimentos, es decir, se avecinan meses difíciles en que dicha alza tendrá necesariamente que reflejarse en los costos de producción con mucha mayor fuerza que hasta ahora.
En los alimentos de origen animal el precio del maíz es esencial, aunque en México una buena parte de la carne se obtiene a base única o preponderantemente de pasto. Aquí estamos entrando en una disputa por el grano entre los animales y las personas; ahora incluso se están usando variedades modificadas de maíz blanco que parece amarillo por un pigmento agregado transgénicamente. Otro asunto que urge definir es si conviene al país --no sólo a determinadas empresas-- destinar parte de la cosecha de maíz a la elaboración de etanol o biodísel.
Al alza en los precios de los alimentos tendrán que sumarse los efectos de la recesión en los Estados Unidos. Se dispondrá de menos divisas por intercambio comercial y turismo, así como por las remesas de los “paisanos” cuya disminución algunos calculan hasta en 50%; por si fuera poco, se espera el próximo retorno de unas 300 mil personas que ya no están encontrando trabajo en el país vecino. Quizá los mayores excedentes de divisas por el alto precio del petróleo ayuden al gobierno a paliar la situación, intensificando sus programas de beneficencia pública como Oportunidades, pero debe recordarse que México está disminuyendo su producción petrolera y gastando cada vez más en importar derivados, mientras la politiquería impide avanzar en un acuerdo de reforma energética.
Los ganaderos no pueden modificar este escenario, pero sí contribuir a aliviar en alguna medida sus consecuencias por el camino de la productividad.
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