JULIO AGOSTO 2007
A Nuestros Lectores
México
debería producir “algo que realmente le dé dinero”
a su gente del campo, dijo el encargado de agrocombustibles del
Ministerio de Agricultura de Brasil, Manoel Bertone, en ocasión
de la visita del presidente Lula da Silva a nuestro país a
principios de agosto. El funcionario recomendó ampliamente el
etanol de caña de azúcar: si México lo adopta,
“va a quedar maravillado por la calidad de vida del pueblo y de los
campesinos”. Aseguró que en las zonas rurales brasileñas
puede haber pobreza, pero no miseria, y que allá los
cortadores de caña ganan entre 400 y 700 dólares al
mes, lo cual ha ayudado enormemente a contener la migración
del campo hacia las ciudades. Una gran ventaja del etanol de caña
de azúcar, agregó, es que se obtiene a partir de una
estructura de pequeños y medianos agricultores. Otra es su
bajo costo de producción: la mitad de lo que cuesta fabricar
el etanol estadounidense de maíz y un tercio del europeo
basado en trigo o canola. Por lo demás, en Brasil una hectárea
de este cultivo está produciendo nueve mil litros de etanol.
El
caso de este producto, y en general del sector agropecuario y
agroindustrial brasileño --que hoy día representa
un tercio del PIB del país y casi la mitad de sus
exportaciones--, nos lleva irremediablemente a hacer comparaciones.
Hace una década al campo de Brasil se le conocía en el
extranjero casi únicamente por el café, pero en la
actualidad es también el principal exportador mundial de carne
de res, azúcar, algodón, jugo de naranja y del complejo
de grano, harina y aceite de soya. Esto ha sido posible gracias a una
acelerada modernización de su estructura productiva rural,
pero sobre todo a un compromiso y esfuerzo común de todos los
sectores: gobierno, políticos, iniciativa privada, ganaderos,
agricultores e incluso los propios trabajadores de las fincas, sin
faltar las organizaciones sociales y los medios de comunicación,
todos trabajando por el mismo fin.
En
México no existe ni esa unidad de voluntades ni programas
realistas y bien articulados para nuestra agricultura y ganadería,
mucho menos apoyos oficiales adecuados que fomenten la organización
y operación de las cadenas productivas con su respectivo
financiamiento (apoyo que sí existe para el sector de la
vivienda, especialmente la urbana, como forma de hacer frente a un
crecimiento alimentado continuamente por la migración rural).
Todo lo que se ha logrado es esa caricatura llamada pomposamente
“Acuerdo Nacional para el Campo”, que le sacaron al gobierno
anterior las corporaciones demagógico-populistas que quieren
seguir medrando a costa de los campesinos. Apenas este año se
decidió el gobierno a levantar un censo agropecuario, cuando
el anterior se hizo hace más de tres lustros, lo cual da idea
de la poca importancia que se concede a este sector.
Tal
vez México no pueda convertirse en un productor de etanol tan
importante como Brasil, pero quizá valga la pena destinar
a dicho combustible siquiera una parte de lo que ahora gastamos en
importar gasolinas, y con ello fomentar la modernización de la
industria cañera y el mejoramiento del nivel de vida de los
cientos de miles de familias que de ella dependen. Y así como
la caña de azúcar, existen múltiples
oportunidades en cultivos y actividades ganaderas que deben
revitalizarse para que sean fuente de riqueza y bienestar, pero antes
hay que dejar de lado las pugnas partidistas y de grupos de interés.
Si no trabajamos unidos todos los sectores como en Brasil y otros
países que nos han puesto el ejemplo, nuestro campo seguirá
en la postración.
« Regresar a Noticias |