Noviembre diciembre 2006
A Nuestros Lectores
¿Cuál será la política oficial para la ganadería en el sexenio que acaba de comenzar? Se trata de un verdadero enigma, como no lo veíamos desde hace varios cambios de gobierno. El secretario saliente, Francisco Mayorga, aseguró unos días antes de dejar su cargo que para el equipo de transición de Felipe Calderón el agro se ve más como un área de riesgo que cuidar, que como una oportunidad a la que debe dedicarse tiempo, atención y energía, y que dicho equipo está más que nada interesado en “atender los encabezados de los periódicos, los puntos de acuerdo con el Congreso y los discursos”. Probablemente Mayorga exagera, pero la verdad es que no se ha presentado a la opinión pública un verdadero proyecto de gobierno para el sector. El hecho de que el nuevo presidente de la República reconozca la necesidad de encarar los problemas del país con una visión de largo aliento que abarque al menos hasta el año 2030 alivia un poco nuestros temores, pues de entrada se admite que los proyectos no existen, o bien que los existentes están tan desarticulados o tan fuera de la realidad que son inaplicables. En realidad, no hay en México una planeación agropecuaria. Lo más parecido a ella que se realizó en el gobierno de Vicente Fox fue tratar de integrar las llamadas cadenas productivas, pero siguen haciendo falta bases más profundas, como la seguridad jurídica que permita la creación y operación de un auténtico mercado de tierras, ya que de otra manera el productor agropecuario nunca será sujeto de crédito. Y para ello, como advierte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE ), se requiere terminar de una vez por todas con la propiedad comunal y ejidal, que inhibe la productividad y ahuyenta las inversiones, y convertir a los comuneros y ejidatarios en genuinos propietarios de sus tierras, con sus derechos y responsabilidades concomitantes. También se requiere, dice ese organismo internacional del cual México forma parte, que el gobierno dé transparencia a los apoyos que brinda al campo y los otorgue a quienes más los necesitan (y les exija resultados, podemos añadir), además de acabar con el burocratismo y la duplicidad de funciones que caracterizan la acción oficial en el medio rural.
En su reunión con los dirigentes de los productores en la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, el presidente Calderón habló de la necesidad de “agarrar el toro por los cuernos” a la hora de buscar soluciones a los problemas de la actividad pecuaria. Se trata de uno de los sectores más necesitados de planeación, pues en plena era de la información ignoramos cosas tan elementales como cuál es el inventario ganadero del país. Antes siquiera se levantaba un censo agropecuario cada diez años, pero en una de las premuras por recortar gastos se consideró que eso ya no era tan importante. En consecuencia, cada quien maneja las cifras que mejor se acomodan a sus intereses, pero lo peor es que nada se puede proyectar si se desconoce la realidad de la que partimos. Una planeación ganadera requiere de esa base informativa y de proyectos a corto, mediano y largo plazos que incentiven y orienten las inversiones públicas y privadas dirigidas a este sector. Y en esta planeación se requiere el concurso de todos los interesados, especialmente de los propios ganaderos a través de sus organizaciones económicas y gremiales.
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